En la Ventana de Gemma Nierga

Gemma Nierga

Gemma Nierga

“La ventana”, el programa de radio de la Ser, es el que me acompaña todas las tardes cuando voy camino del trabajo a la prisión de Alcalá. EL equipo de colaboradores con Gemma Nierga a la cabeza, resulta genial. Cuando oigo los previos: “la ventana…con Gemma Nierga” ya imagino cómo se van sentando en la mesa redonda, colocándose los  cascos y el micro amarillo, todos los participantes de la tertulia para tocar la actualidad y también otro tipo de cosas curiosas  cotidianas, anecdóticas,chocantes y divertidas. Los seguidores de la ventana estámos ahí, quiero decir que aunque no nos den la palabra, desde donde estamos escuchando, asentimos, negamos, apostillamos, interrumpimos y nos carcajeamos. Así de cálido y próximo es este delicioso programa.

Pues bien, mira lo que son las cosas, un día te toca intervenir, sí, en el programa, pero no de mentira, sino de verdad de la buena. ¿Y por qué?

Porque la cárcel está de actualidad a través de la peli “El patio de mi cárcel” que trata de la historia de La compañía Teatro Yeses durante su primera etapa por los años 80 en la prisión  de mujeres de Madrid. Yeserías. El equipo de La Ventana iba a hablar con Verónica Echegui, la protagonista que hace de actriz yeses, con una actriz yeses real: Karina y la directora de Yeses.

Un interno de Valdemoro dedicaba a su madre el tema de Antonio Flores “No dudaría” que nos iba poniendo las pilas a todos los intervinientes. Gema Nierga introduce la conversación refiriéndose a “ese taller de teatro y al alma del taller, la funcionaria Elena Cánovas, papel que fue decisivo para su supervivencia, que sigue existiendo y lo interpreta Candela Peña“. Me pregunta si asesoré a la directora y si he visto la película.

Para un espectador de fuera le puede parecer duro ver a esas criaturas -las presas eran muy jóvenes, enfermas- y su lucha por sobrevivir en un mundo hostil como es la cárcel. Cuando vi la pelicula la sensación fue mucho mas emotiva e intensa porque trataba de un periodo de mi vida que me marcó profundamente: la lucha en esos tiempos difíciles de las cárceles: normas rígidas, mujeres presas -también de la droga- y cómo pudimos o qué energía le echamos para poder constituirnos en un talller de teatro. Un milagro en sus comienzos y tambien en su continuidad: hace tres años que celebramos nuestro 20 aniversario con la publicación de un libro: “Veinte años no es poco“.

La directora de la película se puso en contacto conmigo y estuvimos en mi casa durante año y medio trabajando, yo contando la vida de yeses, las dificultades, las actrices más sobresalientes, el ambiente, las anécdotas jugosas, mi experiencia y sentir en esos primeros años de Yeserías, los montajes, etc. Creo que fue un material indispensable que refleja fielmente la película y que emociona a las actrices presas.

Gemma me pregunta cómo se me ocurrió la idea de crear un taller de teatro en la cárcel. Y pienso que me  podía haber puesto estupenda, pero la verdad es que lo hice por divertirme. Entré en las cárceles con mucha ilusión y me encontré con un muro gris de uniformes y normas: “no se puede hablar a las presas de tú, no se puede tener una actitud desenfadada, no se puede tocar la guitarra”… Ante ese panorama decidí estudiar arte dramático y proponer a la directora de la prisión que me permitiera crear un grupo de teatro. Verónica Echegui habló de lo que supuso el rodaje en la prisión de Guadalajara y cómo notaba la frialdad, el vacío, los sentimientos de estar privado de libertad. Y la importante función del teatro como actividad enriquecedora que recomienda a todo el mundo.

La película también refleja el momento más crítico que sufrió Yeses cuando estrenó la obra de “Mal bajío” que se basa en la vida en el interior de una cárcel de mujeres y que contrarió a los penitenciarios hasta el punto de paralizar la actividad teatral.

Afortunadamente  esos tiempos duros pasaron y ahora estamos en un momento infinitamente mejor.
Karina, actriz de Yeses -que está en libertad condicional- habló de lo que le ha servido el teatro, no solo de evasión  sino de acercamiento a la cultura. conocer otras vidas a traves de los personajes, también a aprender de las demás, a tener seguridad en sí misma, a tolerarse, a convivir y a disfrutar del trabajo en equipo. Durante la entrevista intervenían los chicos de la radio de Valdemoro y otro ex-preso, divertido y espontáneo, que debía estar en los estudios de la Ser, que no dudó en “tirarle los tejos a Karina”. Y eso que no la veía, porque Karina es un bellezón.

Lo pasamos estupendamente. Gracias al equipo de radio de la cárcel de Valdemoro y a César, el educador que conduce maravillosamente a sus periodistas. Y para tí, Gemma Nierga, un abrazo con admiración y cariño.

La prisionización de Carmen

Carmen (a la izquierda)

Carmen (a la izquierda)

El texto es un grupo de relatos sobre algunas mujeres presas que pertenecieron a la compañía Teatro Yeses. Es un retablo de claroscuros talllados con las derrotas y esperanzas, donde el fatalismo aparece sazonado con un punto de rebeldía que convierte en drama trágico sus vidas, y en heroínas a quienes las viven sin mas propósito, en la mayoría de los casos, que sencillamente vivirlas.

Carmela estaba archivada en Carabanchel. Cuando la conocí era muy joven pero ya una veterana en las lides carcelarias.

¿Desde cuando llevas aquí?
- Desde los dieciséis
- Y por qué?
- Porque no pude antes

Su historial era extenso y se componía de variaciones sobre el mismo tema: robo con intimidación. A diferencia de otras versiones del atentado contra lo ajeno, el robo con intimidación implica un punto de honradez, el que consiste en no negar que efectivamente, uno es un ladrón. Nunca he entendido que los códigos penales castiguen más, por ejemplo, la estafa o la apropiación indebida, cuando al menos requiere el plus de arrojo que significa la puesta en escena del apoderamiento de lo ajeno, capacidad interpretativa que desde luego no tiene el presidente del consejo de administración que se nos lleva los cuartos parapetado tras una mesa de caoba y protegido por cohortes de abogados. Carmela era en esto una clásica. Para robar había que ir de frente y por derecho, cruzándose al pitón contrario, como hacen los toreros de verdad. En su curriculum no estaba el asalto a señoras desvalidas a la salida del metro, ni minucias de este calibre, en las que valía más el susto que el exiguo beneficio de las cinco o seis mil pesetillas que se podían obtener en el lance. Lo suyo eran los bancos, el centro neurálgico del sistema de propiedad que articula el mundo desde hace un buen puñado de siglos. Ahí se movía con soltura. Aunque, como pasa en todas las profesiones…(está bien, dejémoslo en ocupaciones habituales), no estaba exenta de dificultades.

-Está chungo porque no sabe una cuándo ir, si vas a primera hora, que es cuando acaban de llegar los de prosegur con las sacas de los billetes y es cuando vale la pena entrar, están las señoras con sus cartillas de ahorros que van a sacar dos mil pesetas. Una se pone chula y en plena vorágine me dice: “¿Que tú a mi me vas a robar, mocosa? ¡pero qué te has creído! ¡Anda a tu casa que menudos disgustos le estarás dando a tu madre!” Y te pegan con la cartilla y todo. Y qué vas a hacer, no les vas a pegar un tiro, así que no vas.

Los expertos de la prisión solían decir que Carmela estaba totalmente “prisionizada“. El palabro por supuesto no existe, pero viene a querer decir algo así como que tenía anulada su capacidad de desarrollo personal fuera de la cárcel. Que solo se podía obtener de ella resultados positivos dentro de la prisión, y que esto era debido al mucho tiempo que llevaba presa y a su juventud.

Un día al acabar el ensayo le pregunté a un educador del centro, psicólogo, -que andaba siempre cerca echándonos una mano en las tareas del teatro, convencido de que tenían una utilidad para las internas y no eran simples mariconadas:

-¿Es posible que haya aquí mujeres dentro que, por el tiempo que llevan, se hayan adaptado de tal forma a la vida en prisión que fuera no sepan qué hacer con sus vidas?
-¿Con sus vidas? No.-contestó- Eso a menudo no se sabe aunque haya estado en prisión. El problema es cada instante, cada minuto del día, la imposibilidad de construir esa cotidianidad que vivimos todos, que nos aburre muchas veces, pero que nos da una estructura, un fundamento a nuestra vida de relación. y que aqui en la cárcel viene dada. Cuando salen es como un barco que se hubiera quedado sin brújula, que navega porque le empuja el viento pero que no sabe dónde va.

- Oye, Carmela, ¿es cierto eso que me contabas el otro día de la “prisionización“? - le dije en el intermedio de un ensayo- Me lo ha explicado muy bien Isaac, el educador.
- ¿Lo ves?- me dijo- si yo no te cuento mentiras, por lo menos en la cárcel. Fuera sí, porque como estoy “prisionizada”, me desoriento y no sé manejarme en el día a día, pero aquí dentro, en absoluto, soy una chica la mar de aplicada y reinsertable.
- ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? -era la pregunta obligada para cualquiera que hubiera cruzado con ella tres palabras.
-¿ No te lo han dicho? Tengo que vivir en la cárcel, no puedo vivir fuera, no sé -contestaba con esa sonrisa medio canalla de la mujer dura que le gustaba interpretar. Había sido ella, efectivamente, quien me había dado su diagnóstico criminológico.
- Si tienes tan claro lo que sucede contigo misma, ¿qué te impide evitarlo? Le hice la pregunta del millón de dólares. Resultado: me aplicó el castigo de su sonrisa canalla, se me acercó despacito al oído izquierdo y susurró: “porque soy una psicópata peligrosa”.

Carmela era una actriz pasional e intuitiva. Desde que en 1985, en la antigua cárcel de Yeserías, se fundase teatro Yeses -una mezcla de taller penitenciario y grupo de teatro estable- no ha habido otra actriz con más luz que ella. Puestos a escarbar, las ha habido técnicamente más completitas, incluso más disciplinadas en escena, pero ninguna otra ha tenido eso que no se sabe bien qué significa pero que todo el mundo entiende, y que se llama carisma.

Carmen actuó de principe valiente que seducía a una incauta muchacha. Otra vez se la vió de bombero en La cantante calva. También con rulos y bata de guatiné; pocas veces habría visto Darío Fo a su personaje de Una mujer sola tan exprimida de posibilidades y tan dramáticamente bien servida. Ella era guapa y bien que se lo hacía. Tenía un extraño manejo de sus capacidades físicas y las ponía generosamente al servicio de la interpretación. Manejaba su cuerpo y su voz con una soltura que a las actrices y actores les cuesta años aprender. Y, desde luego, no conoció más escuela de teatro que el taller de la prisión. El secreto era una conveniente mezcla de intuición y vida, unido a ese fatalismo cultivado, que llevaba a hacer de sí misma el mito de su autodestrucción.

En su carrera artística interpretó a La Filo de Mal bajío, una obra que contaba con amor y crudeza la vida cotidiana en una cárcel de mujeres. La Filo era la chica taleguera por excelencia: de barrio, familia pobre con mil problemas, drogadicta, pendenciera, etc. No hacía de sí misma, aunque algunos de esos rasgos los compartía con su personaje, pero sí se disolvió en ella y le prestó sus propias vivencias.

Interpretó a la Chusa de Bajarse al moro de Alonso de Santos ¡tan querido por las yeses!.Carmela puso la dosis de ingenuidad, inconsciencia y ganas de ser libre y pasarlo bien que el personaje requería. Hizo, de , de atracadora La estanquera de Vallecas. He aquí un caso de vida prestada al teatro para que sirviera de materia prima:

- Tienes que ponerte nerviosa, que estar agitada, tener prisa…, cuando se va a atracar uno no está como en su casa- le decía desde la dirección en un ensayo.
- No -contestaba ella- cuando se va a atracar hay que estar como si nada. Yo ni me pongo nerviosa, ni me agito.
Ahí tienen ustedes un modelo de atracador cogido de la realidad. ¡qué poca idea tienen los directores y guionistas de cincuenta mil películas!

Tuvo otras muchas actuaciones memorables donde se permitía alardes y juegos. Era imprevisible, no se salía del personaje, se tomaba muy en serio el teatro, servía para que la vieran, para que la admiraran, y eso no se puede desperdiciar, sobre todo cuando se ha decidido hacer de la propia vida y su extinción un espectáculo; pero cada vez le daba a su interpretación un sesgo distinto, un matiz nuevo. Solamente cuando se está cómodo y se domina el escenario se puede permitir el actor o la actriz un lujo semejante. Era un chorro de vida fértil en los metros cuadrados del escenario, pero que se escapaba inútil, incomprensible, en cuanto apagaban los focos.

Carmen se murió sola. Es una crueldad que no tuviera público en el momento culminante de su interpretación. Como Fedra, como Mariana Pineda, hubiera merecido celebrar la ceremonia de su muerte frente al gran auditorio y poder despues recoger los aplausos. Pero no hubo opción a despedida. No había enfermado antes. Enfermar es una indignidad y una lata. Un día la ingresaron en un hospital alejado y siniestro. La metieron en una habitación de cuatro camas, la colocaron en la tercera, según se cuenta desde la puerta a la ventana del fondo, una ventana enrejada, con vistas a otro edificio del mismo hospital. Le aplicaron la preceptiva botellita de suero en un brazo, y el otro se lo esposaron al cabecero de la cama. Y a esperar que muriera. En la planta que el hospital tenía dedicada a enfermos presos, había una especie de garita acristalada -peceras, siempre peceras- con dos o tres policías de paisano para que Carmela no se escapara.

Fuí a verla varias veces. Hablamos de muchas cosas: de la vida y del futuro de Yeses; tambien con los silencios, con los ojos, intensamente. Nos conocíamos muy bien. y como a ella le gustaba decir, desde el principio tuvimos muy buenas vibraciones.

Una noche fría de invierno, se apagó. Se dejó ir sola o la dejaron morirse. La metieron en una tumba excavada en el suelo, en un cementerio inmenso, limpio, de trazado ortogonal perfecto, y la taparon con una plancha de cemento donde gravaron a punta de formón una referencia inextricable. Transcurridos unos cuantos años solo puedo decir que la llevo en el corazón y que siempre estará presente en cada una de las actrices que ponen, su esfuerzo y entusiasmo, al servicio de la compañía Yeses.

Mal Bajío

Cartel Mal Bajio

Cartel Mal Bajío

- Me llevan de cunda a Logroño
- A tí ¿por qué?
- Todas tenemos mal bajío
- ¿Qué?
- Nos han maldito en el vientre de la madre.

Este diálogo pertenece a la ultima parte de la obra “Mal bajío”.

“Mal bajío” es una expresión del lenguaje caló que significa: mal fario, o mala suerte. Un malestar en la vida del que no te puedes desprender. Bajío es un fondo arenoso en el mar donde los barcos pueden quedar encallados. La metáfora es hermosa para entender la vida como una travesía y para expresar que estas mujeres han chocado con el escollo de la cárcel, interrumpiendo su singladura.

Mal bajío es también el título de un texto dramático que nació desde la cárcel de Yeserías, en el seno de Teatro Yeses, hace ya casi veinte años, y que recibió el Premio accésit Calderon de la Barca 1989 del Ministerio de Cultura.

La obra refleja la vida en el interior de una cárcel de mujeres. La entrada traumática de dos mujeres -una en calidad de presa y otra de funcionaria- no va a impedir que se establezca entre ellas una entrañable relación. Así vemos el ingreso de la presa y cómo se produce el primer cacheo. También su destino a una celda común donde están las compañeras, quién le quita las cosas y quién la defiende, sus delitos, sus deseos, su manera de amarse o de divertirse y las reglas y estructuras del medio en que se mueven. Por otro lado la nueva funcionaria que -con su actitud, mezcla de ilusión e ingenuidad- sufre la marginación de sus compañeras que no comparten sus ideas, ni la relación que establece con las presas.

Conocemos a las internas por la relación con la familia y amigos, a través de cristales; y por las comunicaciones íntimas, los vis a vis. Pero en la obra hay ingresos nuevos, hay mujeres con ganas de divertirse y de sacar humor hasta debajo de las piedras. Por ejemplo: hay una escena de striptis y otra de una sesión de espiritismo. Y hay situaciones de injusticia y de miedo. La visita de un político o un alto funcionario de prisiones provoca que las internas planteen sus reivindicaciones. Ante la actitud cínica y esquiva de la autoridad se produce un amotinamiento, una resistencia pasiva por parte de las internas. Cuando llega la policía, carga sobre ellas y se produce la tragedia.

Sobre el lenguaje.-
Lo que se dice y cómo se dice ,define al personaje y su peculiar manera de ver las cosas. La frescura de las expresiones constituye uno de los principales aciertos del texto con expresiones “chelis” de jerga gitana y giros suramericanos.

Sobre la ética.-
Las internas se esforzaban por establecer en sus relaciones normas y códigos morales, no por no convencionales menos rígidos, en función de los cuales se juzgan pero no siempre se comportan. Las funcionarias por su parte no tenían ninguna duda respecto a la bondad de su comportamiento, lo que implica una actitud de prepotencia moral nada adecuada a una labor de reinserción social. La funcionaria nueva distaba de ser rígida, creía en la reinserción social, comprendía la problemática de las internas y trataba de ayudarlas.

Sobre el poder.-
Los funcionarias y el director eran vistos como empleados de un poder exterior cuya presencia armada, los guardias, vigilaban desde arriba en todo momento y estaban dispuestos a “solucionar” los problemas entre funcionarias e internas.
Respecto a la presas, las relaciones de poder no correspondían a códigos diferentes, unas obstentaban la fuerza bruta, otras poseían la riqueza e imponían su voluntad actuando sobre las demás. Otras, las más inteligentes, trataban de flotar sobre la agresividad y tensión del ambiente.

Sobre la droga.-
Era una presencia permanente y su existencia marcaba el ritmo de la vida cotidiana. También es motivo de actividad: negocio, trabajo, peleas. Condicionaba las relaciones personales: dependencia, sometimiento.. Se usaba para olvidar y para divertirse. No se encontraba nada más estimulante ni mejor qué hacer. Rechazarla, supondría tal esfuerzo de voluntad que muchas internas eran incapaces de hacerlo. La mayor parte de las mujeres hipotecaban su futuro para poder soportar el presente.

Sobre la soledad.-
Era la compañera de la mayoría de las mujeres, pero principalmente de aquellas cuya cultura era totalmente ajena al mundo de la cárcel. Para combatirla, las mujeres acudían a amigas, estableciendo relaciones de gran intimidad, que podrían tener o no un carácter sexual.

Sobre la homosexualidad.-
Se diferenciaban las relaciones de carácter mercantilista, de aquellas otras afectivas mantenidas por lazos de ternura o amistad que eran vividas con especial intensidad.

“Mal bajío” se estrenó en el Teatro Galileo en 1990 con un reparto de veinticinco actores. Asistieron profesionales del mundo de la cultura y el teatro, profesores y alumnos de la RESAD y funcionarios y actrices del mundo penitenciario. Hubo cierto malestar en este colectivo que no encajó bien la crítica al sistema penitenciario.

Las representaciones de “Mal bajío” se siguieron con pasión por parte del público, A veces contraria debido al naturalismo deliberado de algunas escenas y a sus expresiones. Por ejemplo: hay un monólogo de una presa que, a la luz de la luna y de forma atrevida y descarnada, piropea al guardia que vigila desde la garita y le pide escaparse con él. El guardia, no sabemos si en suños o producto de la alucinación de la interna, deja el fusil, se quita el tricornio y la capa verde que lo en vuelve y aparece vestido de superman volando desde la garita hacia donde está ella, bailan un tango y la libera. Alguien del público se levantó y se fué. No parece que entrara en su sensibilidad que una mujer se dirigiera a un hombre en esos términos, y menos a un guardia civil, y que éste saliera -puro supermán- liberando a una convicta.

En otra ocasión, cuando las internas estaban agrupadas intentando defender lo que consideran sus derechos y llega la policía por el patio de butacas para reducirlas, un señór desde el público gritó: “Viva la libertad”. Bueno, quiero decir aquí que el teatro llega a emocionar, a provocar en ocasiones alguna que otra intervención del público. Está vivo.

Lourdes Ortiz, prestigiosa escritora y ex-directora de la RESAD, decía en su artículo sobre la representación de Mal bajío: “Como dice Fermín Cabal, me ha puesto los pelos de punta, un texto hecho desde la cárcel con voluntad y tesón. Es un documento sobrecogedor que le sumerge a uno en ese mundo de delirio que son las cárceles, las cárceles hacinadas, irracionales, casa de cristal donde las muñecas son despiadadamente torturadas por la soledad, el miedo un desgarro que las aísla de todo lo humano. El lenguaje de la obra, despiadado también, mezcla de desverguenza e ingenuidad, nos revela un ámbito de mujeres aplastadas que intentan desesperadamente reconstruir una normalidad de gestos, de relaciones. Cuando las presas gritan desde el escenario ¡Abajo la cárcel, reinserción social! poco antes de que lleguen los guardias a disolverlas ferozmente, uno se da cuenta de que queda mucho por hacer.”

Al final del texto hay un pequeño diccionario de términos recogidos del argot carcelario titulado “Voces de la cárcel”. Por él fuí invitada al Congreso Europeo de Profesores de Español en Suecia, pues tenían el empeño de enseñar a sus alumnos, no sólo el español oficial y correcto, sino tambien el marginal. Ejemplos de estos términos pueden ser: boqui, coba, colorao, coté, cunda, de tubo, geró güarguero, mogran, pipitillas, tigre, talego, triqui triqui, maco trullo, casa grande, hotelito.

A Candela Peña, actriz

Candela Peña

Candela Peña

Cuando se habló del reparto de las actrices para la película “El patio de mi cárcel” sabía -como pasa en los montajes de teatro- que la elección adecuada de los actores es fundamental. Eso decia mi profesor de dirección escénica en la RESAD: “como os equivoquéis en el elenco, estáis perdidos”. En esto se de buena tinta que ha tenido mucho que ver Rosa Estévez, directora de casting, qproporcionando las actrices buenas para la posterior filmación de la película.

Naturalmente me interesaba saber quién iba a interpretar a esas mujeres que se lanzaron en un ambiente hostil como es la cárcel, a trabajar en obras de teatro. Ese reparto que me iba a transportar a mi primera etapa rompedora, difícil y entusiasta del taller de teatro.

Se barajaban nombres y uno me sonó especialmente delicioso: Candela Peña. Y pregunté a una amiga actriz que formaba parte del reparto ¿Y de quién va a hacer Candela Peña? Y me dijo con una sonrisa: “De tí”.

Me encantó la idea. De golpe me encontré con que mi personaje iba a ser realizado por una gran actriz que admiro profundamente por la energía y naturalidad que imprime a todos sus personajes. Y me la imaginaba llegando a la prisión de Yeserías, tan distinta al perfil oficial, contestataría, de aspecto colorista y muy alegre, conquistando a ésas internas de su edad, jóvenes toxicómanas, con la clara idea de realizar, en ése mundo hostil, una revolución cultural a través del teatro.

Para todo eso tenía que estar próxima, codearse con ellas para sentirse unidas en un proyecto que dependía del esfuerzo y la cohesión del grupo. Todas lo entiendieron así en su momento y sentían que la funcionaria pertenecía, al igual que ellas, a una empresa que les podía llevar lejos… Cuando vi la película, encontré a una funcionaria con un aspecto un tanto retrógrado, parecía más conservadora que las propias compañeras funcionarias: con su sensibilidad, correción y bondad obtiene de una una directora blandita el permiso para que hagan teatro.

Candela seguro que está perfecta en lo que le hayan pedido que hiciera. Con su verdad trasciende los primeros planos y da pulso al personaje. Pienso que la tenían que haber dejado explayarse más.La funcionaria que representa fué atípica de actitud y de aspecto y tenía una alegría especial que supo trasmitir a presas y a ciertas funcionarias. De otro modo no hubiese hecho teatro en esos duros tiempos.

La pelicula está llena de acción que interesa y el personaje de la funcionaria de teatro interpretado por Candela produce una sensación de bálsamo, solidaridad, y entrega que conmueve y deja el testimonio de que, hasta en un lugar cerrado y oscuro, se puede ver la luz.

Gracias, Candela.